La noche caía sobre el eminente final de otro tortuoso día y sus fuerzas no podían siquiera mantenerla de pie. Palabras infernales enfermando su cuerpo, crueles agonías resonando aún en sus oídos. El anochecer era frio cubierto por una capa de lluvia sin líquido y con cada gota cayendo de sus mejillas aquella capa de niebla se volvía una tormenta. Aquel cielo como un espejo, aquella noche como un reflejo.
Eran las tres de la madrugada, había caído dormida luego de inapacible derramamiento de lágrimas. Su ropa se adhería a su cuerpo, sus gargantillas asfixiaban su cuello, su corazón latía frenético, sentía morir por dentro. Tomó fuerzas y se deshizo de aquella vestimenta húmeda. Aquel sudor que la revestía era marca infalible de su sangre triturada; saliente de sus venas latentes. Aquel recuerdo de conjunción de nocivas letras, ensordecía sus sentidos. Las agujas del reloj seguían andando y su mente enfermiza se retorcía con el paso de cada segundo.
Quedo sin fuerzas una vez más y sin prenda alguna se desplomo en su cama. No fue hasta las seis que unos ojos macabros la despertaron. Palabras hirientes y venenosas; labios ardientes y rabiosos vociferando maléficas acusaciones que de nuevo retumbaban como gruñidos en sus oídos. Amenazas nuevas acompañadas de palabras desafiantes que volvían a su paso y simplemente quedo callada, reteniendo el paso de su alma; saliente de su pecho. Destronado corazón. Quebradiza ilusión, todo dentro de ella quedo sin razón. Un grito siniestro desmembrando su conciencia y soltó el aire y su alma huyó de ella. Un ángel murió en el cielo y justo en ese instante el ruido ensordecedor de la puerta cerrándose de golpe.
"Un anima deambulante en un mundo de vivos", su cuerpo seguía ahí, pero su alma se había ido, o quizás tan solo se había encarcelado dentro de un inconsciente deprimido. Pero fuese lo que fuese no podía resistirlo, ni un suspiro más, ni una lagrima para dejar, las palabra la dañaron, las ofensas la enfermaron...
No era tan solo ella la que sentía su corazón latir en sus manos, aquella persona de labios rabiosos también pensaba en ella, cuestionando sus propias palabras, y una voz en su cabeza no dejaba de decirle que estaba en lo correcto, que aquellas palabras duras formarían un carácter propio, pero el corazón de una madre se quebranta fácil y arrepentida de acusaciones tan fuertemente desgarradoras hacia su propia sangre, hacia el propio ser de sus entrañas; pensó en dejar caer una disculpa y se dirigió a paso fuerte a la puerta que había dejado azotar con fuerza la noche anterior. Con cada paso su corazón brindaba un gemido y su cabeza articulaba la opción correcta: "ella ya se había ido" y las lágrimas se escupían de aquellos ojos rojos.
Su cuerpo errante se había dirigido a un callejón sin salida, con pasos lentos y deliberantes guiados por su angustia. Penetro en la tenue luz de una puerta en una calle desierta. Música estridente, humo por doquier seguido por risas huecas y brazos fuertes arrastrándola. Hasta que dejo de resistirse y guiada por una seducción que era invisible e inexistente, regida por aquel deliberante sentimiento de odio y recuerdos de calumnia se dejo dirigir hacia el segundo piso a una habitación oscura por un hombre revestido en sudor. La puerta se cerró con cerradura y al final de la noche resultaron ciertas aquellas palabras retumbantes en sus oídos.
A.L.SARG





