-Me obligo a olvidar a tu recuerdo, a tu imagen cálida y a tu aliento. A cada uno lo alejo de mi lado, indignada por las lágrimas que a mi cuerpo le robaron, dejo tu rostro escondido entre mi alma, escondo tu perfume en lo estrecho de mis pechos y nublo mis sentidos para apaciguar tus gritos, pues mi cabeza continua escupiendo el rastro de tus palabras-.

A.L.SARG

 A un amante

Ayer cuando dormía tú ya no estabas, te habías marchado de mi lado como una sombra de oscuridad, sin una adiós dejado a mí.  Sin un viento, sin un roce de cuerpo, abandonaste mi lecho en la madrugada, sin que mi boca pudiera despedir a tus labios.

 Ese día amanecí acongojada, con un silencio que no era nato en mí, sabía mi pobre cuerpo que tu ya no estarías allí, todo mi ser sabia que tú me abandonabas, no quise creerlo y me rehusé a aceptarlo, no quise creerlo y salí a la calle gritando tu nombre, espere y espere una respuesta de tu voz, pero mi espera se me fue haciendo demasiado larga y mis piernas ya no soportaron el peso de mi cuerpo, así que entre de nuevo.

 Luego de retomar mis fuerzas, tome una carrera de vida por ti, te busque en cada lugar posible para hallar tu paradero, incluso en lugares cada vez más alejados de tu cuerpo y no encontré ni un solo rastro, parecía como si nunca hubieras existido, como si me hubiera mantenido en un sueño y tú nunca habías sido real.

 Quede en silencio, pasaron demasiados días, mi rostro  fue perdiendo el color, mis ojos dejaron de derramar lagrimas, mi corazón dejo de latirme, el timbre seguía sonando y yo seguía sin contestarlo, voces seguían llamándome pero al no ser la tuya yo seguía ignorándolas. Escuchaba el murmullo de las vecinas tratando de entrometerse por las ventanas, el olor del humo de las velas que encendían por mí.  Preocupaciones, comida, velas, todo me parecía mundano, incierto, inútil pues tu ya no estabas.

 Seguían resonando en mis oídos aquellos bullicios de los días en que continuabas a mi lado, e iba reviviendo cada noche de angustia aniquiladora: gritos de sobresalto con tu vuelta tardía, el olor a lavanda en tu camisa, mis gritos de niña, las copas rotas, el cabello al suelo, tu puño en mis labios, la oscuridad, el frio aniquilador del suelo en mi espalda con el peso de tu cuerpo sobre mis pechos desnudos,  la danza de tu vientre con lagrimas sobre mi rostro.

 Me obligaba a aniquilar esos recuerdos y a castigarme por permitirme recordarte en ese estado, no debía temerte, ni entristecerme, tan solamente debía esperarte y suplicar al cielo que te devolviera a mi lado, pues esta vida sin ti, era como si me mantuviera muerta. Asi pues aniquile de mi inconsciente cada rastro de ti clavándome contra el suelo y me mantuve insistente en el hecho de mi culpa.

 Quede en un estado catatónico, incluso incurable según la opinión del cónyuge de mi vecina quien entro por mi ventana luego de quebrar el vidrio de seguridad, tal era mi estado que apenas percibí el sonido del cristal quebrándose en mil pedazos. Desde entonces mi puerta se mantuvo abierta para los vecinales espectadores, cada una de aquellas mujeres hogareñas se turnaba una a una para verificar que mi cuerpo vegetal tuviera al alcance las necesidad básicas, ya que al no contar con ningún seguro medico no pudieron internarme en aquellos hospitales lujosos.

 Me alimentaron de bebidas nutricionales, lienzos de hierbas secas y pomadas caseras, manteniendo a mi cuerpo vivo con extractos de los pastizales. Pero una de tantas noches decidí levantarme y recorrer aquellas paredes cubiertas de mi sangre, paredes que habían sido testigas de mi vida atada a la tuya. Camine como un espejismo de vida, como una sombra de lo que había sido, como un espíritu perdido, mis pies caminaban con sigilio sobre cerámica que no recordaba, sobre lozas que mantenían el sabor de tu cuerpo desnudo.

 Me deje saborear el éxtasis de los recuerdos y los azotes comenzaron a golpear en mis mejillas, caí rendida como aquel día y escupí de mi boca aquella sangre que habías succionado, tropecé, sintiendo tu rodilla en mi vientre y tus manos volvieron a profanar mis gemidos. Caí, caí sobre el suelo frio, tal como cada noche entre tus garras bestiales y tu cuerpo embriagado de éxtasis colectivo. Sentí el aromo de mujer en las llagas de tu cuerpo y sumergiste tu aliento embriagador entre el pliegue de mis labios.

 Me retorcí en el suelo y traje tras de mi cuerpos rituales, tu cuerpo me prohibió levantarme y por primera vez en mi vida rechace tus brazos fantasmales sobre mi cuerpo, aleje tus garras y gateé lejos de ti hasta que tu fantasma dejo de perseguir a mi materialización y como un anima triunfante me deje caer en el centro de la habitación, cuando percibí el mundo real ya era demasiado tarde, el aroma de madera en fuego trastorno mis sentidos y llamas infernales rodearon mi cuerpo.

 De mis restos tan solo volaron las cenizas y la historia de una mujer poseída por el desencanto, enamorada de los azotes y temerosa de la verdad, pero aquellas velas superstición de salvación se convirtieron en algo más que la razón de mi despedida, se convirtieron en la luz de mi ignorancia, y aun por hoy me mantengo divagante en este mundo terrenal para castigar a tu recuerdo.

 A.L.SARG